“No queremos morir, y por ello, nos contamos, nos observamos, nos replanteamos y nos configuramos en la medida en que actos narrativos nos permiten trascender el paso del tiempo en ese instante creativo, de lectura del otro, que nos vuelve duración, permanencia.”
Para poder hablar de quién soy, un vistazo hacia atrás es imprescindible, porque no soy sino lo que absorbo de mis alrededores en fusión con mis predeterminaciones genéticas y mis decisiones inconscientes y -con el tiempo- voluntarias.
Sin embargo, el pasado es un trazo en mi existencia que puede ser acompañado e inclusive sobrescrito por nuevos trazos; transformando la figura que se había quedado en el espacio. A lo largo de mi vida me he movido de formas particulares que, al ser observada por otros, he perpetuado con afán de ser reconocida por los mismos.
“Lo presente, nuestro, alma, cuerpo, pensamiento, espíritu, mundo, es tan efímero que añora una esperanza de permanencia. ¿Dónde hallarla?”
Es a través de la memoria y el recuerdo que reconstruyo constantemente lo que fui.
Es a través de mi propia mirada y la mirada de otros que me construyo y me identifico con lo que soy.
Es a través de mi capacidad de visualización que ideo la posibilidad de lo que seré.
Todo aquello que aporta a lo que llamo personalidad puede ser nombrado, pero lo más importante que lo vuelve realidad palpable es la incorporación de ello a la acción. “Más fácil decirlo, que hacerlo”, frase que recuerdo al escribir esto. Por lo que me pregunto:
¿Cómo acuerpo aquello que pienso como realidad?
¿Cómo puedo acuerpar aquello que todavía no soy, pero puedo ser?
Antes de ser algo, tengo que aventurarme a hacer ese algo; hasta que mi cuerpo lo reconozca, lo acepte y lo integre a su posibilidad. Si mi vida actual no me propone momentos de cambio debido a su familiaridad, debo yo crear un espacio de posibilidad; darle tiempo y espacio a mi cuerpo, mis emociones y mis pensamientos para encontrar rutas nuevas.
Componer al cuerpo a través de acciones poéticas que representen y reconfiguren la realidad en la que nos situamos. Así, es como puedo practicar el ser y existir de forma consciente; permitiéndole a mi cuerpo renacer con cada decisión. Al mover el cuerpo y cargar de intención dicho movimiento colmado de emocionalidad y el uso de nuestro imaginario, somos capaces de crear realidades que sobrepasan la que se habita; surrealidades que acuerpamos y habitan un instante en el tiempo.
“Cualquier experiencia narrativa, como espejo de la realidad, trae consigo la posibilidad de detener el tiempo real mediante una lógica interna menos devastadora que la realidad temporal.”
Karol García Zubía. (2004). Tiempo y narración, Una forma de permanencia en el mundo. N.P.: Siglo XXI Editores.