Renata Pérez Hernández
Muéstrame tus manos y sucumbe a la pérdida de tus secretos con los hábitos que se esconden entre tus dedos. Déjame ver cómo serpentea tu espalda ante la recepción de una pregunta que busca inmiscuirse en tu intimidad. Pasea tus ojos por la periferia de tu visión y pósalos donde encuentres la respuesta; allá arriba en tus recuerdos, en aquella esquina de los secretos, o dentro de tus mayores arrepentimientos dibujados en los suelos.
Háblame, claro y fuerte. Pero no, no uses tus palabras; en ellas es tan posible la mentira que inclusive las fabricas sin la intención de ser deshonesto. No lo puedes controlar y lo comprendo, el mundo te ha obligado a buscar aquello que es “adecuado” según el contexto y has construido aquel muro dentro de la selección de tus palabras y el arreglo de tus oraciones. Háblame en cuerpo, deja al desnudo tus intenciones sin necesidad de deshacerte de ninguna prenda, sin necesidad de tocar ninguna otra piel más que la propia.
Mucho podrán decir tus palabras, mucho podrán decir las mías, que ahora te empeñas en seguir. Empero, jamás serán suficientes las palabras para lograr aturdir el discurso de tu cuerpo. Verás, tu cuerpo es una construcción de cada simple acción, tornada en hábito hasta el punto de la inconsciencia. La duda que te habita desde niño se observa en las líneas de tu cejo fruncido. El miedo que se te inculcó por ser niña en este mundo de niños la emanas al habitar un cuerpo pequeño (sin importar sus dimensiones reales) en un cuarto con desconocidos. Las pasiones que merodean tus sueños, se abren paso en aquella luz tintineante de tus pupilas. La tristeza que te acompaña en vigilia reposa sigilosamente en tus mejillas y se pasea por tu boca cuando cesa de pronunciar palabras.
Paseas por ahí, contando tus más íntimos secretos: trazándolos en el espacio, habitando palabras en el tiempo. Podrías estar gritando aquello que más necesitas, aquello que más temes y aquello que más anhelas; todo ello en un supuesto silencio. Podrías, sí podrías…
¿Qué te detiene de hacerlo?
Mírame a los ojos, hablemos.