Vitalidad, alma y espíritu

Vitalidad, alma, espíritu – Ortega y Gasset

Notas y reflexiones para lograr una topografía de la intimidad.

“Hay en nuestro interior, zonas, estratos, orbes diversos, cuya diferencia nos es aparente.” – Ortega y Gasset (Vitalidad, Espíritu, Alma)

 

¿Cómo comenzar a desentrañarnos y encontrarnos… describirnos, reconocernos?

Descifrar lo que nos quiere decir nuestra anatomía, poder observar al cuerpo accionar y reconocer su conexión irrompible con los susurros de nuestra alma. Comprender cómo nuestro espíritu dialoga con nuestros sentires, y los traslada a las sensaciones tan efímeras como persistentes que pasean por nuestra piel y dan señales de vida y acontecimiento. Quizás todo circula al revés de cómo lo mencione, y simplemente quizás son acontecimientos que se entretejen de forma tal que realmente no podemos llegar a un concepto de “inicio”, sino conceptos base que se transforman constantemente entre el génesis y el cambio latente.

 

“… no hay modo de determinar dónde nuestro cuerpo termina y comienza nuestra alma. Sus fronteras son indiscernibles como lo es el límite del rojo y del anaranjado en la serie del espectro: el uno termina dentro del otro.”

¿Cómo comenzar a entender lo más íntimo de nosotros?

 

“Si queremos describir puramente -antes de aventurarnos a explicar- los fenómenos psíquicos, necesitamos primero dibujar la gran topografía de nuestra intimidad. No somos una sola cosa, un área monótona y como un espacio homogéneo donde cada punto es idéntico…”

Hará falta entonces trazar un mapa, delinear sus relieves y atravesarlos con detenimiento. Es necesario hacer el ejercicio de reflexión, profundo y constante… inclusive minucioso de describirnos. Dentro de este ejercicio de descripción seremos capaces de observar la estructura que nos sostiene como individuales.

 

En la propuesta descrita por Ortega y Gasset para lograr dicho ejercicio podemos realizar una tripartición de nuestra intimidad: la vitalidad, el alma y el espíritu. Pensarlo como una clasificación de la fauna de los fenómenos internos; conceptos descriptivos de lo que nos constituye como personas.

1. La vitalidad
a. La psique infusa en el cuerpo
b. “Alma carnal” – energía vital
c. Corporal + Espiritual
d. Somático + Psíquico

Esa parte de nuestra persona que se halla infusa en el cuerpo, lo que comúnmente se describe como “energía vital”. Lo que asociamos con las sensaciones orgánicas del cuerpo, la asociación del dolor y el placer, los instintos heredados de la humanidad, la atracción… Todo esto conformando la base de lo que nos constituirá como personas. La raíz de nuestro árbol consciente. Constituido por sensaciones del intracuerpo: las vísceras, los músculos, el flujo sanguíneo, las palpitaciones, lo táctil… la piel y sus adentros.

“en ella se funden radicalmente lo somático y lo psíquico, lo corporal y lo espiritual, y no sólo se funden, sino que de ella emanan y de ella se nutren. Cada uno de nosotros es ante todo una fuerza vital: mayor o menor, rebosante o deficiente, sana o enferma. El resto de nuestro carácter dependerá de lo que sea nuestra vitalidad.”

Pudiéndose pensar al intracuerpo como la base de la arquitectura humana; aquella que contiene la vida emocional y psicológica que nos atraviesa en el tiempo. Dicha imagen kinestésica, la conocemos nosotros de nosotros mismos, y solo podemos asumir e intentar comprender la del otro. Cada cual tendrá su propia arquitectura que se le revela en un ejercicio de introspección.

2. Alma

¿Cómo es la figura y la anatomía de lo que vagamente solemos llamar |alma|?

 

Aquello que reconocemos y asociamos con las emociones. Dicho suceso ocupa tiempo y espacio en nosotros… se alarga en el tiempo. No controlable, simplemente observable. Se puede estar triste o estar alegre un rato, un par de días o toda la vida.

“Mis impulsos, inclinaciones, amores, odios, deseos, todo es mío… pero no son YO.”

3. Espíritu

Ortega y Gasset se refiere como espíritu al conjunto de los actos íntimos de cada cual se siente verdadero autor y protagonista.

Yo quiero

El poder pensar y decidir algo por sobre tal otra cosa; el aprehender al mundo y decidir i.e. lo que conocemos como voluntad y lo que acontece en nuestro pensamiento. El carácter autocrático, el generador de actos propios…

“en todo auténtico |entender| y |razonar| se produce un contacto inmediato entre el |yo| espiritual y lo entendido.”

Pensar y querer como actos, puntuales y concretos. Nuestra vida intelectual radica aquí. Nuestro entendimiento y nuestra voluntad contadas como operaciones racionales.

“Yo soy el que piensa, el que decide y quiere, soy autor de mi pensamiento y de mi volición.”

Sin embargo, para no caer en individualismos tóxicos habrá que reflexionar el origen de nuestros actos subjetivos en un mundo objetivo: uno no existe sin el contexto y el marco del otro. Es dentro de un colectivo y multiplicidad de ideas/opciones/deseos que nosotros hacemos una elección; siendo así nuestra decisión parte del Todo de las posibilidades.

 

En afán de resumir se puede describir de esta manera:

 

Vitalidad: subconsciente, oscuro, latente. El paisaje al fondo del cuadro.

 

Espíritu: Actos instantáneos de pensar y querer; carácter puntual. El YO

 

Alma: De carácter atmosférico, área dilatada; región de los sentimientos y emociones. Son míos, pero no son YO

 

Se puede hablar de tres |YO| distintos que integran nuestra persona:

YO de la esfera psicocorporal. Mi cuerpo

YO del alma. Mi tristeza

YO espiritual/mental. Mi decisión

“Cada uno de nosotros representa una ecuación diversa en la combinación de esos tres ingredientes.”

¿Desde dónde vives? ¿Cuál de estas tres potencias sirve de base y raíz a tu vida?”

Ortega Y Gasset, J. (1998). Vitalidad, Alma, Espíritu. En El Espectador: Vol. Tomo 2 (pp. 451–480). EDAF.